martes, 6 de diciembre de 2016

E. y B.


E. iba en segundo año cuando B entró al mismo establecimiento en que ella estudiaba. E. y B. habían, de hecho, estudiado antes juntos años atrás e incluso la madre de B. la había “salvado” en una ocasión en que el mundo olvidó recogerla.


E. ahora se da cuenta de ciertas cosas que parecían en aquel entonces meras coincidencias y, que al verlas con ojos bien abiertos hacía la imaginación positiva e optimista, bien podrían haber sido las señales de B. o del universo diciéndole “Míralo”.
No es que B. fuese feo, es sólo que a antes de los 15 años, un par de años de diferencia suelen parecer demasiado y, siendo sinceros, antes de la pubertad los años de diferencia son mas notorios. Pero luego E. y B. ya no parecían tan diferentes. El crecimiento a lo largo de E. se había estancado y el de B. aumentaba cada día. Los hombros de B. también eran más anchos y su cara, aún con ese aire angelical, ya no era tan de niño. Todo esto y más hacían para E. más fácil el imaginarse tomando la mano de B.

Pero nada sucedió.

Lo lamento, está no es una de esas historias donde el enamoramiento da paso a algo, a menos que estemos hablando de decepción.
Dos años más tarde E. acabó los estudios y B. continuo los suyos. Y fue dos años después de eso que el fatídico comentario ocurrió.
E. no recuerda muy bien como es que B. acabó junto a ella conversando, ambos preguntándole al otro cuál era el estado de sus vidas. Una parte de E. suele pensar que fue B. quien se acercó y ella quien lo alejó.
B. comentó que ya estaba por terminar el curso y que luego tendría sus prácticas. Entonces E. en un momento de total distracción debido al nerviosismo, o tal vez sólo a que E. es medio torpe al mantener conversaciones, emitió una ridícula pregunta desde sus labios.
Con esa pregunta E. piensa que vio morir algo en los ojos de B. ¿Qué era? ¿Esperanza, enamoramiento, agrado, simpatía?
Fuese lo que fuese, desde ese momento el cambio fue obvio. Ya no hubieron saludos, sólo miradas desde lejos, ya no hubieron conversaciones ni seguimientos en redes sociales.

E. se dio cuenta tarde de que perdió una oportunidad y al pasar los años, con aún la esperanza de que sus ojos le hubiesen jugado mal, vio morir sus propias esperanzas al enterarse de los muchos cambios de B. 

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